Me tumbo en la cama, con ambas manos bajo mi cabeza, y observo levemente en medio de la oscuridad un haz de luz que emite mi ventana. Otro día. Y acabo de pasar el peor de ellos... de momento.
Las partículas de polvo se mueven fortuitamente en el vacío del aire... aire que respiro y renueva el oxígeno del interior de mis pulmones. hay que pensar en los pecados para poder acabar de perdonarlos y hacer penitencia.
Ayer tuve un atracón por culpa de mi demasiado protectora madre. Se fija en mi seboso cuerpo, me dice que hay algo mal en mí, me acusa de ser lo que soy y me obliga a comer doscientas ochenta y siete calorías por plato.
Hoy todo me irá mejor. Me lo aseguro. Sé que hay más como yo, que se lamentan de tener a alguien en continuo vigilo en sus vidas... leo sus historias, los comentarios de demás amigas, y me siento capaz de retomar el control de mi vida... de mi peso.
Alzo los dedos, que juguetean con la luz de la mañana de noviembre. Si sólo tuviera a alguien físico con quien hablar de mis angustias... nueve o diez horas diarias metida en el mismo antro y con nadie con quien hablar. me resulto patética. Y cuando me autocompadezco me autorepugno. Soy una foca marina. Necesito no comer hoy.
Vuelvo a acordarme de todas las princesas que he encontrado gracias a enlaces y seguidoras. No puedo evitar agradecer en mi corazón el apoyo de todas, aunque sea nueva y aún no haya entablado muchos enlaces...
Suena el despertador. Otra noche en vela. Hoy será un día mejor.
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